Bolivia cerró su participación con un empate ante el anfitrión Catar. El resultado confirmó lo que ya se venía sintiendo: el Mundial es durísimo, y aunque Bolivia logró sostenerse mejor en el último partido, el grupo terminó pasando factura por el arranque.
El empate dejó una lectura positiva: el equipo pudo competir sin desordenarse y aguantó un partido de tensión, donde normalmente los nervios te traicionan. En juveniles, mantener el cero también es aprendizaje, porque te obliga a defender con disciplina y concentración.
El balance final deja tarea clara: formar jugadores que lleguen con más roce internacional. El talento sin competencia fuerte se queda corto. Y si Bolivia quiere dar un salto, necesita más procesos, más amistosos duros y más trabajo de base.
