La selección boliviana Sub-17 abrió noviembre con el foco puesto en competir sin complejos: el Mundial no solo mide talento, también mide carácter, lectura táctica y manejo emocional en escenarios de máxima presión. El torneo expone rápido los detalles: cómo se defiende el área, cómo se sale jugando cuando el rival aprieta y, sobre todo, cómo se sostiene el orden cuando el partido se rompe.
Para Bolivia, el plan pasa por ser inteligente: elegir bien cuándo presionar, cuándo replegar y cómo aprovechar cada recuperación para salir directo. En estas competiciones, cada error cuesta caro, pero también cada buena decisión te mantiene vivo. El objetivo realista no es “hacer magia”, sino crecer partido a partido y dejar una imagen de equipo que compite.
